La Diabetes Mellitus (DM) es un trastorno metabólico crónico que aún representa un problema de salud pública en todo el mundo y no solo esto, sino que también predispone a complicaciones como la aparición de heridas crónicas, un mal difícil de tratar incluso para los expertos en la salud.

 


     La Diabetes Mellitus (DM) es una enfermedad crónica que afecta el desempeño de una hormona esencial: la insulina. Esta hormona nos permite metabolizar el azúcar que consumimos de los alimentos a su forma final, siendo esta un combustible esencial para el funcionamiento óptimo de nuestro cuerpo.

     Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se estima que 422 millones de personas en el mundo sufren de este trastorno, esto es equivalente a uno de cada 11 individuos y los factores de riesgo más importantes asociados son la alimentación no saludable y un estilo de vida sedentario, ¿parece sencillo y fácil de resolver eso, no? Pues sí, estos representan el eslabón inicial modificable y actuar a tiempo es fundamental para evitar su aparición.

     A pesar de los esfuerzos gubernamentales para controlar esta enfermedad, actualmente se sigue considerando un problema de salud pública, a esto se le suman las repercusiones económicas como los costos asociados a los cuidados de salud y el aumento de precio de los tratamientos e insumos necesarios, haciéndose cada día más inaccesible para el paciente y sus familiares.

     ¿Cómo afecta la diabetes nuestro organismo?

     Los mecanismos por los cuales nuestro cuerpo se ve afectado en este trastorno son muy complejos pero aquí vamos a simplificarte todo este proceso. Si bien la insulina se ve afectada en esta condición, su desempeño puede ser perjudicado por dos formas: 1) que el páncreas, donde se produce, no funcione correctamente o 2) la hormona es producida pero los órganos de nuestro cuerpo no responden debidamente a ella. El primer caso corresponde a la Diabetes Mellitus tipo 1 y el segundo a la tipo 2.

     Pero entonces, ¿cómo esto puede perjudicar nuestra salud?, como ya lo mencionamos, la insulina es la hormona protagonista ya que ella permite que la glucosa ingerida sea metabolizada y utilizada como fuente de energía para que todas las células de nuestro cuerpo funcionen y se regeneren correctamente, es algo así como el combustible de nuestro cuerpo y si ella no funciona adecuadamente todos los sistemas de nuestro organismo se verán afectados.

     En un paciente diabético hay daño en la circulación y en la sensibilidad, el primero porque los pequeños vasos sanguíneos se deterioran y como consecuencia el oxígeno no llega a nuestros tejidos y el segundo, porque los nervios pierden la capacidad de sentir cualquier agresión externa, en pocas palabras, el dolor se hace poco perceptible.

     Aunque nos parezca contradictorio, sentir dolor representa un mecanismo de defensa de nuestro organismo a las agresiones externas, ¿cómo? Pues este nos avisa que algo no anda bien, que nos está haciendo daño y por ende al sentirlo, nos alejamos de ese agente agresor.

     Estos dos mecanismos trabajan estrechamente para predisponer la aparición de heridas crónicas. Normalmente el cuerpo tarda unos días o semanas en cicatrizar, pero en la DM generalmente este proceso se tarda desde meses hasta años, disminuyendo así la calidad de vida del paciente y sus familiares y aumentando el riesgo de perder una extremidad.

     Si bien el objetivo principal en la prevención y tratamiento de las heridas crónicas es controlar la enfermedad predisponente, las medidas de cuidados locales también juegan un papel decisivo, sobre todo la restitución del oxígeno en el lecho de la herida. Se ha demostrado en múltiples estudios científicos que el oxígeno aplicado como terapia de forma continua en el tratamiento de heridas crónicas es eficaz incluso, superando  a las técnicas de cuidados locales convencionales como la aplicación de pomadas y soluciones antisépticas directamente en la herida.