Infecciones en heridas crónicas

Una complicación que frenar.

      Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sufrido al menos una vez de una infección, pero cuando se trata de una herida  crónica la historia es diferente. Una infección representa una complicación que puede empeorar el estado general de quienes más amamos. En este apartado te explicamos los signos indicadores de una infección y porqué la rapidez en iniciar el tratamiento es tan fundamental.

 

    La piel constituye el órgano más grande de nuestro cuerpo y entre sus principales funciones está la protección, ella resguarda todos los órganos, músculos, huesos y cualquier tejido que conforma nuestro organismo de agresiones externas por gérmenes peligrosos, cambios drásticos de temperatura, sustancias químicas y agentes físicos. 

     Cuando la continuidad de la piel se ve comprometida se pierde este carácter protector y se abre una puerta a los microorganismos peligrosos que, de no actuar rápidamente, pone en riesgo la vida de nuestros seres queridos y prolonga su estadía en un centro hospitalario.

     El padecer de una herida crónica se traduce a que la puerta de entrada a muchas bacterias y otros gérmenes esté siempre abierta, aumentando el riesgo de infectarse en comparación con heridas que han cerrado rápidamente. Por ello, cuando una herida crónica muestra signos de infección significa que está complicándose y representa un motivo por el cual la cicatrización se prolonga.

    Una infección no es más que la invasión y multiplicación excesiva de gérmenes peligrosos en los tejidos de nuestro cuerpo. Normalmente en nuestro organismo existen hongos, virus y bacterias que nos benefician y que conviven en armonía, esta equidad se llama simbiosis. Hablamos de infección cuando este equilibrio se rompe y el número de gérmenes peligrosos crece y supera los mecanismos de defensa del organismo, dando origen a una cascada de respuestas complejas que resultan en la inflamación aguda.

     Signos que nos indican que una herida está infectada.

    Antes de abordar este tema primero debemos diferenciar entre dos cosas: la infección y la inflamación. La infección es la enfermedad, mientras que la inflamación es la manifestación de dicha enfermedad, así por ejemplo cuando tenemos la gripe común (infección por virus) esta se manifiesta como una inflamación en las vías respiratorias produciendo la característica tos. A continuación te presentamos los signos y síntomas de inflamación característicos de una herida infectada:

 

  •  Rubor

  •  Picazón

  •  Dolor

  •  Aumento de tamaño

  •  Fiebre (aumento de la temperatura del cuerpo por encima de los 37.5º centígrados)

  •  Calor al tocar la piel alrededor de la herida

  •  Salida de pus

  •  Mal olor en la herida

  •  Pobre cicatrización 


     Aunque estos signos sugieren una infección de piel, algunas personas con problemas en las defensas de su organismo sólo presentan uno, un par de ellos o ninguno. No es necesario que se presenten todos al mismo tiempo para hablar de que una herida está infectada.

Abordaje de las infecciones: Actuar temprano es decisivo.

     El abordaje es multidisciplinario y en muchos casos, es primordial tratar las condiciones asociadas que llevan a que la herida no cierre correctamente. Mitigar la infección es crucial, sin embargo, mientras que la puerta de entrada –la piel dañada- esté abierta, los gérmenes seguirán invadiendo con facilidad, por ello es vital tratar al paciente de forma integral, teniendo en cuenta su estado nutricional, factores de riesgos, medidas de higiene y la selección correcta de los medicamentos para el germen causante de la infección.

     Como lo enfatizamos arriba, la clave para mejorar la calidad de vida del paciente y evitar complicaciones es actuar rápido. La preferencia del medicamento dependerá del tipo de germen presente y en ciertos casos,  será necesario realizar pruebas de sangre o cultivo para detectar el patógeno específico, sobre todo cuando a pesar de haber iniciado el tratamiento no hay mejoría.

     En vivirsinheridas.com te recordamos que en una herida crónica infectada además de los fármacos, las curas también juegan un papel fundamental ya que facilitan la cicatrización, disminuyen la cantidad de gérmenes y mantienen el sitio de la herida limpio y óptimo para que nuestras células puedan recuperarse. La escogencia del tipo de cura es clave, siendo actualmente la cura en ambiente húmedo la que lleva la ventaja frente a las curas tradicionales. 

   No podemos dejar de mencionar que si eres un familiar o cuidador de un paciente con una herida crónica y detectas cualquiera de los signos antes mencionados, consultes inmediatamente con un profesional de la salud.