Las úlceras vasculares son heridas crónicas que tienden a reaparecer en el tiempo y que afectan sobre todo el tercio inferior de las piernas de nuestros seres más amados: los adultos mayores. En este artículo te explicamos por qué se producen, cómo prevenirlas y el papel del oxígeno como el tratamiento más eficaz.

     Como cualquier herida, las úlceras representan un problema de salud pública que, por su carácter crónico, no sólo disminuyen la calidad y esperanza de vida de quienes las padecen, sino también la de sus familiares y seres queridos. Además, aumentan el consumo de recursos asistenciales en cualquier centro hospitalario e incrementan los gastos económicos asociados a ello.

      Una úlcera vascular se define como una lesión de la piel en donde hay pérdida de su estructura producto de alteraciones que derivan en daño de los pequeños vasos sanguíneos, ya sean venas o arterias y que, habitualmente, afecta a las extremidades inferiores, dándose a conocer popularmente como ‘’úlceras de la pierna’’.

      Uno de los aspectos más problemáticos de esta patología es que afecta comúnmente a los adultos de mayor edad, por consiguiente a nuestros padres y abuelos. De acuerdo con el estudio Vein Consult Program para el año 2012 el 83.6% de la población en el mundo presentaba una úlcera venosa y se estima que, en Latinoamérica, del 3 al 6% de la población la padece. Sin embargo, estas cifras corresponden a una simple estimación y a pesar de que esta condición es causa frecuente de consulta, los estudios de los que se dispone son escasos. 

     Si bien las úlceras pueden ser variables, de acuerdo al sitio en donde se producen se conocen 2 tipos: úlceras venosas y arteriales. Ambas afectan el tercio inferior de la pierna, pero las primeras se localizan frecuentemente sobre la parte interna del tobillo, mientras que las segundas se sitúan sobre huesos, dedos del pie, porción externa del tobillo y tibias. 

¿Por qué se producen?

     La causa es conocida y se atribuye a dos procesos; 1) la dificultad de las venas o arterias de impulsar el retorno de la sangre resultando en una acumulación o éstasis de la misma en las piernas y 2) a consecuencia de lo anterior, el déficit de oxígeno y nutrientes hacia los tejidos de la extremidad.

     Existen circunstancias de base que representan un riesgo para desarrollar esta condición correspondiendo a todas aquellas que ocasionen daño en los vasos sanguíneos más pequeños, como la neuropatía periférica asociada a diabetes, la obesidad y el sedentarismo, vasculitis (inflamación de los vasos), fumar tabaco, traumatismos en una persona mayor (mayor de 60 años generalmente), hipertensión arterial no controlada, desnutrición o malnutrición entre otras enfermedades venosas y arteriales.

¿Cómo prevenir y tratar?

     Como mencionamos anteriormente existen condiciones asociadas que aumentan el riesgo de aparición o reaparición de una úlcera y mientras estas condiciones no sean tratadas la probabilidad de cicatrización disminuye. Por esto, el primer paso a dar para prevenir esta lesión es el control precoz de las enfermedades de base, antes que nada te recomendamos que acudas con un profesional sanitario para hacer un chequeo general y determinar si existe o no alguna irregularidad.

     Las recomendaciones generales corresponden básicamente a cambios en el estilo de vida:

  •  Dejar de fumar

  •  levar una dieta balanceada disminuyendo el consumo de grasas saturadas y teniendo una dieta rica en proteínas y vitamina C.

  •  Olvidar el sedentarismo, hacer ejercicio físico a diario.

  •  Inspeccionar diariamente los pies, cuidar debidamente de las uñas y callosidades, usar zapatos adecuados y cómodos.

  •  Evitar andar descalzos el mayor tiempo posible.

     Si la úlcera ya se ha producido es importante que consulte rápidamente con un médico. Entre las opciones de tratamiento se encuentran las curas en ambiente seco (limpieza con soluciones antisépticas, cremas a base de antibióticos, eliminación del tejido dañado) y las curas en ambiente húmedo, siendo esta última la más eficaz y económica, asimismo, su eficacia incrementa cuando se asocia a técnicas que faciliten el aporte de oxígeno al lecho de la herida.